Los peligros de negar la ciencia: el movimiento antivacunas

La incultura científica que muestra la población general es muy preocupante. Está bien visto y se acepta el argumento de que los conocimientos científicos pertenecen únicamente a la comunidad científica, desvinculándose así el pueblo de toda responsabilidad por aprender conceptos muy básicos que son cruciales para defenderse en la vida cotidiana.

En este ambiente donde reina la ignorancia, las pseudociencias ven la oportunidad perfecta para colarse y vender un timo al cliente de la forma más sutil posible. En ocasiones solo nos cuesta el dinero, como puede ser consultar a un vidente o comprar un producto homeopático; pero en otros casos el problema va más allá poniendo en peligro la salud de la persona e incluso la salud pública.

La medicina alternativa tiene una corriente de pensamiento verdaderamente peligrosa. Muchos de los practicantes de esa falsa medicina, aparte de no ser profesionales de la salud, critican la medicina convencional. ¿Los argumentos que esgrimen? Conspiración de las farmacéuticas por controlar todos los estudios realizados en medicina y, por tanto, toda su evidencia científica. Pero ¡ojo!, ellos han sido los iluminados en darse cuenta de esta esclavitud y tratan de salvar al mundo dando conferencias para que la gente reaccione ante este panorama: la medicina solo está al servicio de las farmacéuticas, nos están engañando con sus productos. No me negaréis que como argumento es digno de una película, pero por desgracia esa fantasía carece de validez cuando lo aplicamos a la realidad.

Que las farmacéuticas han hecho prácticas abusivas es una obviedad, nadie niega ese hecho, pero no cuela el querer aprovechar esa crítica para cargar contra toda la medicina y meter de paso una creencia personal negando las bases de la medicina. Como cabecillas de esta corriente en España tenemos a Josep Pàmies (el programa ‘Equipo de Investigación’ le entrevistó hace unos meses) y la monja Teresa Forcades. Entre las barbaridades que defienden, se encuentra la oposición frontal a las vacunas ya que, según ellos, se trata de una mentira ideada por las malvadas empresas farmacéuticas para obtener beneficios económicos. Es lógico y coherente pensar que, como empresas que son, busquen desesperadamente ganar dinero, pues vivimos bajo las normas de ese modelo económico, pero eso no demuestra que sus productos no sean de calidad ni efectivos.

En EEUU, el movimiento antivacunas está suponiendo un gran problema. De hecho, en diciembre del año pasado, los bajos índices de vacunación provocaron en Disneylandia (California) un brote de sarampión que superó los cien casos en 14 estados. La situación que está viviendo EEUU no es para nada comparable con España, aunque desgraciadamente hace un mes nos enteramos de que un niño de 6 años estaba en estado grave en Olot (Girona) por padecer difteria, una enfermedad completamente prevenible gracias a las vacunas y que llevaba sin aparecer en España durante 28 años. Los padres decidieron no vacunar a su hijo, una actitud irresponsable que además pone en peligro la salud pública y, sorprendentemente, está respaldada por la legislación vigente. Los padres después confesaron que se sintieron engañados por los antivacunas.

Hace un par de semanas, el niño falleció. La noticia nos consternó a todos y sirvió para abrir un intenso debate: ¿vacunas sí o no? Pero no nos engañemos, este debate es absurdo. ¿Qué vamos a debatir cuando la evidencia científica en esta cuestión es apabullante? La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que las vacunas evitan cada año en el mundo “entre 2 y 3 millones de defunciones por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión”. No hay debate, las pruebas son abrumadoras y ahí están los datos para el que quiera verlos.

A pesar de ello, los principales medios de comunicación alardean de ignorancia científica y dan pie a este falso debate en televisión llevando a plató a personas que no son profesionales de la salud para hablar de este tema. El periodista Miguel Jara (sí, periodista, no médico) se muestra bastante escéptico con las vacunas (o más bien ignorante) y aprovechó la cobertura mediática que le ofreció La 2 para publicitar su libro “Vacunas, las justas”. El despropósito de entrevista lo podéis encontrar aquí.

Fueron muchas las voces críticas que pronto saltaron al ver este esperpento en plena televisión pública, cómo no. Posteriormente, TVE reconoció el error que cometió y pidió perdón por dar excesiva voz a los antivacunas; no obstante, el daño ya estaba hecho debido a que se bombardeó a la sociedad con mensajes confusos de ineptos en cuestiones de salud y las disculpas de la cadena pública ocuparon un segundo plano.

La evidencia científica no se discute con retórica ni tergiversaciones, sino a base de pruebas y datos. Este ejemplo, el del movimiento antivacunas, es una lección más que nos demuestra lo peligroso que puede resultar negar la ciencia. Para finalizar, os enlazo un interesante mapa interactivo sobre los brotes de enfermedades evitables con vacunas que sin duda da para reflexionar en muchos aspectos. Mientras en los países en desarrollo muchos cooperantes han dado su vida por introducir las vacunas, en los países ricos nos permitimos el lujo de cuestionarlas. Un problema del primer mundo, supongo.

Carlos Martínez

Estudiante de Medicina y apasionado de la divulgación científica. Aficionado a la astronomía (que no a la astrología) y espaciotrastornado sin remedio alguno. En mis ratos libres programo algunas cosillas.

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