La dieta mediterránea española: ¿realidad o mito?

Estoy convencido de que con tan solo nombrar “dieta mediterránea” al lector le vendrá todo un batiburrillo de ideas a la cabeza relacionadas con este concepto que tiene un origen bastante curioso y muy desconocido para la población. Es bien sabido por todos que los españoles somos unos verdaderos expertos en sacar pecho orgullosamente al mencionar la famosa “dieta mediterránea” como si inevitablemente formara parte de la Marca España, ¿pero qué tiene de español esta dieta? Más de uno se sorprenderá con la respuesta.

Sin duda, el padre de la dieta mediterránea es el estadounidense Ancel Keys, un fisiólogo que a mediados del siglo pasado mostró bastante interés en la relación existente entre la dieta y los ataques al corazón. A pesar de que hoy en día asumimos con facilidad que la dieta juega un papel importante en las enfermedades coronarias, cuesta creer que hasta hace unas pocas décadas esta asociación se ignoraba por completo e incluso la OMS se mostraba escéptica ante esta posibilidad. De hecho, cuando Keys exponía sus teorías a la comunidad científica, había cierto aire de incredulidad que desesperaba al fisiólogo.

Ancel Keys no desistió de sus ideas y se propuso llevar a cabo un estudio en la década de los 50 que culminaría a largo plazo con la archiconocida dieta mediterránea. Entre 1955 y 1958, Keys diseñó el “Estudio de los siete países” (Seven countries study en inglés) en el que analizó los estilos de vida de 13 000 varones con edades comprendidas entre los 40 y 59 años que fueron seleccionados en 7 países: la antigua Yugoslavia, Italia, Grecia, Finlandia, Holanda, Estados Unidos y Japón.

Se estuvieron recopilando datos entre 1958 y 1970 y posteriormente se analizaron minuciosamente. Los resultados de aquel estudio influyó sobremanera en la cultura alimentaria occidental: el porcentaje de grasas saturadas presente en la dieta es un buen predictor de las enfermedades del corazón, así como la cantidad de colesterol en sangre y la hipertensión arterial. Estas conclusiones determinaron en gran manera el devenir de la nutrición durante las décadas siguientes.

Cabe destacar que en ningún lugar del estudio se menciona el concepto “dieta mediterránea”, por lo que aún nadie sabía a qué hacían referencia esas dos palabras. Para comprender cómo empezó a consagrarse el concepto, tenemos que presentar a la esposa de Keys, Margaret Haney. Margaret fue una reputada bioquímica que colaboró de manera importante con su marido en gran parte de sus estudios. Además, el matrimonio se puso manos a la obra y publicaron varios libros para divulgar sus descubrimientos. De entre los libros que escribieron, How to eat well and stay well. The Mediterranean way (publicado en 1975) supuso el verdadero comienzo de toda la parafernalia de la dieta mediterránea. Por primera vez en la historia se menciona el estilo de vida mediterráneo; finalmente, los medios de comunicación y la población general terminaron por acuñar el término “dieta mediterránea”.

Tal vez algún lector avispado se esté preguntando en este instante: «vale, y entonces ¿qué pinta España en todo esto?». Recordemos que en el estudio original de los 7 países España no estaba incluida. Posiblemente, la ligera mención de España en el libro del matrimonio encendió el espíritu patriótico hasta límites insospechados y nos apropiamos rápidamente del concepto. Resultó ser tan exitoso esta estrategia de marketing que hoy en día prácticamente toda la población entiende por estilo de vida español la dieta mediterránea a pesar de encontrarse muy lejos de la realidad.

Para empezar, las cifras de obesidad entre la población general son de las más altas entre los países de nuestro entorno. Tampoco salimos bien parados si acudimos a las cifras de obesidad infantil, pues también estamos a la cabeza entre los países de la Unión Europea.

Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en España uno de cada dos adultos tiene sobrepeso u obesidad; si solo tenemos en cuenta la obesidad, uno de cada seis adultos es obeso. En cuanto a la obesidad infantil en España, el 26% de los niños y el 24% de las niñas tienen sobrepeso u obesidad.

adherencia_dieta_mediterranea

En segundo lugar, un estudio publicado en 2009 en la revista Public Health Nutrition puso de manifiesto que el grado de adherencia a la dieta mediterránea en España en el siglo XXI es paupérrimo.

En esta tabla, se puede comprobar la adherencia a la dieta mediterránea en 41 países y su evolución en un periodo de 40 años. En la década de 1960, España ocupaba el puesto 13 de la clasificación, pero con el paso del tiempo nuestra dieta fue empobreciéndose y descendimos hasta el puesto 21.

Es curioso constatar que en Japón los ciudadanos siguen una mejor dieta que en España; incluso países como Mauritania o Irán se encuentra por delante en el ranking.

En definitiva, creer que nuestro estilo de vida está estrechamente relacionada con la dieta mediterránea es un mito con todas las letras. Los medios de comunicación y la industria alimentaria han popularizado de manera exagerada esta asociación que no se corresponde en absoluto con la realidad. Tan solo tenemos que echar un vistazo a ciertos productos como la famosa pizza mediterránea para percatarnos hasta qué punto tan absurdo ha llegado la fiebre de la dieta mediterránea; hasta tenemos refrescos de gaseosa con el eslogan “El refresco mediterráneo”, toda una incoherencia.

 

Foto 1: fao.org

Foto 2: Public Health Nutrition

Carlos Martínez

Estudiante de Medicina y apasionado de la divulgación científica. Aficionado a la astronomía (que no a la astrología) y espaciotrastornado sin remedio alguno. En mis ratos libres programo algunas cosillas.

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