Fe y Razón: ¿opuestos o compatibles?
He tenido la suerte de conocer a gente fascinada por el mundo que nos rodea y el universo que nos envuelve. Muchos de ellos afirmaban creer únicamente en la Ciencia o bien en las leyes de la física, pero otros tantos eran católicos practicantes. Por eso me sorprende mucho esta dicotomía, supuestamente opuesta, que se realiza entre la fe y la razón, lo trascendental y lo material. Debido a esto, decidí buscar ejemplos de personas creyentes que también habían sido científicos renombrados. Para más inri, restringí la búsqueda a aquellos que habían dedicado su vida a Dios, para “asegurarme” de que realmente eran creyentes.
La lista es inmensa. Jamás he tenido que hacer una criba tan grande, hasta el punto de retirar de mis ejemplos a gigantes del saber como San Isidoro de Sevilla, que compiló todo el saber humano conocido hasta principios de la Edad Media en las “Etimologías”, San Alberto Magno, descubridor del arsénico, Ramón Llul, pionero de la lógica matemática y difusor de la matemática árabe, Roger Bacon, introductor del método científico experimental, Copérnico (sí, era canónigo) y su teoría heliocentrista, Giuseppe Mercalli y su escala para medir la destrucción de un terremoto, Gregor Mendel y sus leyes que redefinieron la genética…
En su lugar, he intentado introducir científicos cuya actividad se ha desarrollado entre el siglo XX y XXI, y tres incorporaciones que me parecen interesantes por lo desconocido de su nombre en comparación con los descubrimientos que hicieron. Allá va:

Nicolás de Oresme (1323-1382).
Absoluto genio de su época. Se opuso a la Astrología y enseñó que la Tierra se movía, y no los astros alrededor de ella. En este aspecto fue mucho más claro que Copérnico, considerado el iniciador de la teoría heliocentrista dos siglos después. Además, descubrió la curvatura de la luz a través de la refracción atmosférica, formuló una teoría económica que, siete siglos después, influyó en el modelo económico TACE; fue precursor de la geometría analítica al relacionar la longitud de una figura y el área que la cubre, enseñó que todos los colores en un dispositivo rotatorio producen el blanco e introdujo un método para mostrar gráficamente las velocidades y, con este, representó el movimiento uniformemente acelerado.
Roger Boscovich (1711-1787)
Desarrolló la primera teoría atómica, adelantándose a Dalton e influyendo en Faraday y Einstein. Además, anticipó las órbitas electrónicas de Bohr. Calculó la aberración de la luz. Desarrolló un método de observación astronómica mediante la cual, haciendo tres observaciones de la trayectoria de un cometa, se puede calcular su órbita. Incluso asesoró a Benedicto XIV para la construcción de unos anillos de hierro que estabilizaron el domo de la basílica de San Pedro el Vaticano.
Lazzaro Spallanzani (1729-1799)
Famoso por sus experimentos en contra de la generación espontánea, que probó como falsa al sellar recipientes con carne hervida. De esta forma, abrió el camino a los descubrimientos de Louis Pasteur, el pionero de la microbiología. Probó que la digestión era un proceso químico y no mecánico, como se creía hasta entonces. Descubrió la inseminación artificial, demostrando que la concepción se producía al unirse óvulo y espermatozoide.
Pierre Teilhard Chardin (1881-1955)
Presentó una teoría propia de la evolución, en la que el tiempo era la cuarta dimensión (el cambio es lo esencial; lo estático es inexistente) y la evolución no sólo afecta a la vida, sino también a la materia y el pensamiento, de tal forma que el punto culmen de la evolución sería la suma de todas las conciencias evolucionadas de los seres humanos (el punto Omega). Aunque fue ignorado tanto por la Iglesia como por la Ciencia, tras su muerte muchos teólogos apoyaron las tesis de Chardin. Incluso los papas Pablo VI y Juan Pablo II valoraron su figura.
En 1954, confesó a su amigos que su sueño era morir el día de la Resurrección. Falleció en Pascua un año después.

Georges Lemaitre (1894-1966)
Resolvió las ecuaciones de Einstein, sugiriendo un universo en expansión. Desarrolló formalmente la teoría del Big Bang o gran explosión, confirmada poco antes de su muerte. Escribió un libro, muy polémico entre los científicos de la época (entre otros, Einstein) conocido como “La hipótesis del átomo primitivo”, que venía a decir que el universo llegó a estar concentrado en un átomo antes del Big Bang.
George Coyne (1933)
Director del observatorio astronómico del Vaticano desde 1978 hasta 2006. Sus intereses han sido los estudios polarimétricos del medio interestelar, las galaxias Seyfert, las estrellas con atmósferas extendidas o la polarización producida en las estrellas variables cataclísmicas o las estrellas binarias que emiten estallidos de energía intensa.

Michal Heller (1936)
Ha trabajado en cuestiones como la unificación de la relatividad general y la mecánica cuántica, las teorías de multiversos y el problema de la singularidad en Cosmología.
Aquí tenéis un extracto de su discurso de recepción del premio Templeton en 2008:
Los procesos del universo pueden ser visualizados como una sucesión de estados de modo que el estado precedente es causa del siguiente (…). Hay siempre una ley dinámica que prescribe cómo un estado genera otro. Pero las leyes dinámicas se expresan en la forma de ecuaciones matemáticas; por ello, si nos preguntamos acerca de la causa del universo, deberíamos preguntarnos sobre la causa de las leyes matemáticas. Haciendo eso, volvemos al gran proyecto de Dios pensando el universo, la cuestión sobre la causalidad última (…): ¿Por qué hay algo en vez de nada? Al preguntarnos esta cuestión, no estamos preguntando por una causa como las demás. Nos estamos preguntando por la raíz de todas las posibles causas.
Manuel María Carreira (1931)
Miembro del observatorio Vaticano y colaborador asiduo de la NASA. Ha investigado sobre láser y rayos cósmicos y desarrollado sistemas de control de fibra óptica, así como un detector de rayos gamma.
Para Carreira, la fe y la razón no han sido nunca opuestos ni podrán serlo, a pesar de que hay “una especie de obsesión” en hacer ver lo contrario. Considera que ambas son dos maneras parciales de conocer la realidad que deben complementarse entre sí, ya que ni la ciencia puede decir directamente nada de teología, ni la fe responder a cuestiones materiales.
En definitiva, nos han hecho creer que el científico debe ser ateo (o agnóstico en todo caso) y el cura irracional, cuando aquí tenéis sobrados ejemplos que contradicen esta teoría. ¿Qué os parece?
Imagen de portada: Boletín de la Compañía de Jesús. Foto de Obra fotografía de Federico Romero.
