José Esquinas (III): «Consumiendo inteligentemente podemos cambiar el mundo».
«Cada pistola fabricada, cada barco de guerra construido, cada cohete disparado significa, en último sentido, un robo a aquellos que tienen hambre y no son alimentados, a aquellos que tienen frío y no tienen ropa». (Dwight D. Eisenhower, Presidente de EEUU, «The Chance for the Peace», 16 de Abril de 1953.)
Tercera parte de la entrevista a José Esquinas. Aquí se encuentran la primera y segunda parte si todavía no las has leído.
Pregunta: El ritmo de crecimiento de la población mundial no se detiene, ¿existe riesgo de no haber comida para toda la población en un futuro?
Respuesta: Alimentos se producen incluso para un 60% más de la población actual. Sin embargo, no se nos plantea solamente el problema actual. La producción de alimentos es siempre a través de recursos naturales: tierra, agua, aire, diversidad biológica y energía, que son limitados y perecederos. Cuanto mayor sea la población, mayor será la demanda. Debemos hacerlo de manera sostenible, sin destruir los recursos naturales en los que se basan. Si los destruimos, lo que estamos haciendo es robar a nuestros hijos. Unos quince millones de hectáreas al año están siendo deforestadas para cultivos, urbanizaciones, y muchas de ellas pasan a ser tierras áridas por la sobreexplotación, aproximadamente unas seis millones de hectáreas al año.
Por otra parte, la contaminación creciente en el agua puede llegar a ser uno de los problemas más graves dentro de unos años porque no habrá suficiente agua para beber. También en el aire, la contaminación en las ciudades está llevando a que existan establecimientos de oxígeno y, por tanto, mercantilización del aire. Puede que en un futuro tengamos que llevar mascarillas que purifiquen el aire. En el caso de los recursos genéticos, más del 90% de la diversidad que existía a principios del siglo XX se ha perdido. El resultado de todo esto será que nuestros hijos y nuestros nietos van a tener recursos mucho más limitados, unido a una población más grande y a una incapacidad para producir los alimentos. ¿Por qué está ocurriendo esto? Primero porque existe una falta de conciencia, pero además, como ya comentamos antes, estamos confundiendo valor con precio. El mercado es el que determina el precio a través de la oferta y la demanda. Sin embargo, la demanda se mide solo para los de esta generación porque las generaciones futuras no consumen, por lo que en el establecimiento de los precios, la demanda de las generaciones futuras no está siendo tenida en cuenta, siendo éstas infravaloradas. El sistema de mercado del que nos hemos dotado es inútil para determinar el valor de los recursos naturales, por lo que se debe realizar una corrección en el mercado incluyendo a esas generaciones futuras para dar el valor real a los productos. Algunos países ya han definido una serie de instituciones o personas que actúan como defensores de las generaciones futuras para corregir esto. En definitiva, hay que pagar no solo por el precio de producción de un producto, sino por el coste de conservar los recursos naturales que han sido necesarios para producirlo.
P: ¿Qué opina de la gran cantidad de alimentos que se despilfarran en nuestro país? ¿A qué se refiere con su frase “utiliza pacíficamente el carro de la compra y transfórmalo en un carro de combate”?
R: Los llamados PDA (pérdidas y despilfarro de alimentos) son del orden de mil trescientos millones de toneladas métricas en el mundo, que es un tercio de los alimentos producido
s. Aquí son 7,7 millones de hectáreas las que se despilfarran y 167 kilos de media por habitante y año en una España en crisis, que es prácticamente el 30% de lo que consumimos. Dentro de esto, el 15% va a la basura en envases sin abrir simplemente porque han caducado. Esto no tiene mucho sentido y aquí sí que podemos actuar. Debemos “pensar globalmente y actuar localmente”, como se dijo en la Cumbre de Río de 1992. Tenemos que comprar los alimentos que realmente necesitamos, no volver a comprar otras cosas hasta que no hayamos consumido lo que teníamos y saber reciclar muchos alimentos, como se ha hecho toda la vida: la pizza en Italia, la paella en España, el puchero en muchos países de América… no eran más que una manera de reciclar los alimentos que sobraron del día anterior.
En España estamos utilizando aproximadamente el 17% de nuestro salario medio en alimentos, por lo que no nos importa despilfarrar. El valor del alimento no tiene que ir solamente medido por el precio y ahí existe otro elemento de corrección en el mercado: ver más allá del precio económico y valorar el precio energético y la huella ecológica que deja un alimento, puesto todo en el embase. Por eso yo digo lo de “utiliza pacíficamente el carro de la compra y transformarlo en un carro de combate” para, sabiendo toda esta serie de cosas, consumir con un criterio racional. Hay que comprar lo bueno, desde un punto de vista organoléptico y nutritivo, lo limpio desde el punto de vista ambiental y lo justo socialmente. Tenemos que ser capaces de influir en el consumo para decir lo que queremos comprar y cómo queremos que esté producido. Consumir no es un acto inocuo, es un acto político y se puede cambiar el mundo a través del consumo.
P: ¿Tiene el español medio un conocimiento fuerte sobre alimentación? ¿Cree que se debería potenciar con asignaturas específicas desde el colegio?
R: El español no tiene concepto de la alimentación ni conocimientos del valor nutricional de las cosas y mucho menos de la forma de producción, huella ecológica, etc. Todo esto, junto con los temas de dieta equilibrada y salud, son completamente necesarios para tener una vida sana y feliz y por ello el niño debería aprenderlo desde la escuela primaria para desarrollarlo y mantenerlo durante toda su vida adulta. Por ello también es muy necesario tener y buscar esa información del precio social y ecológico de los alimentos.
P: Teniendo todo esto en cuenta, ¿piensa que se va a producir una reacción o todo va a continuar como hasta ahora?
R: No se puede continuar por el mismo camino porque tenemos unos recurso
s limitados y perecederos y existen diez mil millones de habitantes. Las tensiones acumuladas y la destrucción del medio ambiente son cada vez más grandes y la reacción ya se está produciendo: en los medios de comunicación ya encontramos muchos de estos temas, así como a nivel político también se están moviendo y las contradicciones de este sistema cada vez son más evidentes. Hay que atacar las raíces porque para mí el caldo de cultivo donde se alimentan la violencia, la aparición de enfermedades como el ébola que aparecen donde hay una debilidad de los organismos, o la inmigración ilegal… es el hambre y la pobreza. Sin embargo, el mismo día que mueren de hambre cuarenta mil personas, gastamos en armamento cuatro mil millones de dólares. Con ese dinero podrían vivir los que mueren hoy durante más de 150 años.
El reto es transformar la Tierra en un paraíso y podemos hacerlo hoy. Utilizando una metáfora, estamos en una pequeña barca que se llama La Tierra, y si se hace un agujero, independientemente de si el agujero está en África, en EEUU o en España, la barca se hunde. O nos salvamos todos o pereceremos juntos. Así mismo, igual de importante es llevarla a buen puerto, y para ello debemos dejar de valorar el desarrollo de un país con el PIB para considerar que el verdadero desarrollo consiste en vivir en armonía con el planeta, con los recursos naturales y entre las personas. La respuesta está en nuestras manos.
Foto: Sweetie187
Foto 2: Kevin Trotman
Foto 3: JM Díaz
Con la colaboración de Luis Martínez.
