La política en Juego de tronos: análisis de la quinta temporada.
AVISO: NO LEER SI NO SE HA VISTO LA QUINTA TEMPORADA DE LA SERIE
Antes de empezar, aclaro que no voy a meterme en la calidad de la adaptación de la saga de novelas de George R.R. Martin a la serie de HBO, ni a criticar las virtudes y defectos cinematográficos de la quinta temporada de “Juego de tronos”. Voy a centrarme en la temática principal de estos diez episodios, así como de “Festín de cuervos” y “Danza de dragones”, novelas que adapta esta temporada: la convivencia con el poder.
Añadir también que no voy a incluir Dorne porque considero que su adaptación no sólo es nula con respecto a los libros, si no que alberga los peores momentos de la temporada y no hace justicia al gran personaje que es Doran Martell. En su lugar, me voy a centrar en Stannis, Jon, Daenerys y Cersei, líderes que afrontan el poder de distinta forma pero que, de una manera u otra, lo acaban perdiendo al final de la temporada.
Stannis Baratheon era el rey legítimo de Poniente, teniendo en cuenta que el padre de Daenerys fue derrocado por Robert Baratheon. Era un hombre huraño, austero y con un fuerte sentido del deber, potenciado por su fe en Melisandre. Una fe, dicho sea de paso, basada en la fuerte atracción sexual. Stannis comienza desconfiando del dios al que adora su mujer, pero su pasión por Melisandre le hace ceder a sus deseos. Primera contradicción (hombre severo y moralista que cede a sus deseos más primarios) y, por tanto, primer error. Intenta compensarlo con la elección de Davos, un hombre con escasa habilidad militar, pero con un gran sentido común. Fanatismo (Melisandre) contra razón (Davos). Finalmente, convencido de su deber “divino” como rey, aleja a la voz de la razón de su lado y se sumerge en los deseos mesiánicos de Melisandre: el hombre elegido por su dios rojo debe hacer lo que sea necesario, aunque no lo desee, con tal de cumplir con su deber.
Stannis tiene muy en cuenta sus deseos, pero como comandante militar olvida totalmente los de sus vasallos. El sacrificio de su hija provoca el deshielo, sí, pero supone la destrucción del personaje como gobernante. ¿Quién quiere seguir a un hombre capaz de mandar asesinar a su propia hija con tal de cumplir sus objetivos, por muy legítimos que fuesen?
Los pocos hombres que le quedan tras la multitudinaria deserción de la mayor parte de su ejército comienzan a titubear. La batalla está perdida antes de empezar. Pese a verse totalmente derrotado, Stannis no cede. Tampoco lo hace antes de ser ejecutado por Brienne. “Cumple con tu deber”, le dice. Es el paradigma del que se cree gobernante por derecho, pero carece de empatía para hacerlo.
Distintas cuestiones atañen a Jon y Daenerys. Ambos tienen muy en cuenta lo que quieren sus vasallos, pero se encuentran en las antípodas en cuanto a compromiso político se refiere.
Por un lado, Daenerys ha demostrado ser una conquistadora formidable, ayudada por expertos asesores militares, tres dragones y un gran ejército. Pero eso no la convierte en una gran gobernante. Lo que vemos en los últimos capítulos de la temporada, aparición de Tyrion incluida, no es la guerrera que hemos conocido en temporadas anteriores; es una mujer que, en su afán por mantener contento al pueblo que gobierna y proteger a los que lidera, restaura aquello que juró destruir y, por tanto, se anula a sí misma como gobernante. La aparición de Drogon no es casual. Los otros dos dragones se encuentran tan encadenados como los actos de Daenerys al frente de Meereen. Su marcha volando de la ciudad representa la destrucción de esas cadenas. Creedme si os digo que la próxima temporada volveremos a ver a una Daenerys más férrea y preparada para gobernar.
Por otro lado, Jon encarna al líder que camina firme hacia su objetivo sin importar lo que sus vasallos piensen de él. Sus medidas para crear una alianza Guardia de la Noche- salvajes, por muy justificada que esté (Casa Austera es un buen ejemplo de ello) son demasiado drásticas, sin consultarlo y sin hacerse entender entre sus amigos y, peor aún, entre sus enemigos. La situación más allá del Muro es desesperada pero, tal vez, una alianza paulatina, en lugar de romper miles de años de tradición de un plumazo, hubiera evitado muchos conflictos. Su asesinato, similar al de Julio César en las Idus de Marzo (un líder que quiso acabar con siglos de tradición en Roma convirtiéndose en dictador), está plenamente justificado en la trama, porque es una consecuencia de sus errores como líder.
En cuanto a Cersei, simplemente es una mala gobernante. La muerte de su hijo mayor le hace querer proteger a su otro hijo a toda costa, lo que la vuelve paranoica contra los Tyrell, la familia que apoya con su dinero y alimentos a la corona. Con continuas demostraciones de fuerza, irá alejando a todos a su alrededor. Su teórica maniobra maestra, la restauración de la Fe Militante, es una jugada arriesgada que pronto se vuelve en su contra por su incapacidad para tener en cuenta los riesgos de tal decisión. Es cierto que sobrevive, pero seamos sinceros: su paseo desnuda por Desembarco del Rey la ha deslegitimado totalmente como reina, y la vuelta de su tío para aportar algo de cordura a la capital sólo augura tensiones con una única solución: sangre.
En resumen, ninguno de estos líderes ha dado la talla que, por otra parte, si demostró ser Tywin Lannister. Al menos, se puede confiar en que Tyrion, con ayuda de Varys, si será un gran gobernante. Sólo tenéis que comparar su periodo de Mano del Rey con la de Eddard Stark. Por último, os dejo una frase que pronuncia la hermana de Tywin Lannister en una conversación con Jaime en “Festín de Cuervos”.
«Jaime, cariño, te conozco desde que eras un bebé que mamaba del pecho de Joanna. Sonríes como Gerion y peleas como Tyg, y hasta tienes algo de Kevan; de lo contrario no llevarías esa capa… Pero el verdadero hijo de Tywin es Tyrion, no tú. Se lo dije a tu padre en cierta ocasión, y me retiró la palabra durante medio año. A veces, los hombres pueden llegar a ser tan estúpidos… Hasta los que aparecen una vez cada mil años.»
Foto principal: David Alexander Elder
Foto 2: Devian art

