Epónimos en Medicina (I)
La luz de la luna llena se filtra entre las oxidadas rejas de la diminuta ventana de una de las celdas de Buchenwald. Ilumina la cara de un hombre de nariz alargada y semblante infausto tumbado en posición fetal sobre el suelo. Su nombre, como el de muchos de los otros que hay allí, dejo de existir hace tiempo.
Tiene escalofríos y una gota de sudor baja por su rostro, dibuja el ángulo de su afilada mandíbula y cae al suelo antes de llegar a la barbilla. Debe ser fiebre. La mañana anterior le habían inyectado un bacilo de tifus en el antebrazo derecho, donde ahora tiene un cardenal.
Cuando le llevaron a la sala de enfermería pensó que iban a matarle. Y por un momento se sintió aliviado. Corren rumores turbadores de otros campos de concentración. Ya no es a los muertos a los que tiene miedo, sino a los vivos.
Una nube oculta la luna y se hace la oscuridad absoluta. Las estrellas dejaron de brillar hace mucho en el cielo de la colina de Ettesberg y las que quedaron fueron robadas para colocarlas en los pijamas de los judíos. El preso de nariz alargada y semblante infausto cierra los ojos, y mientras escucha en su cabeza el incesante ruido de los cristales rotos con el que empezó todo, intenta dormir.

La asoaciación de artritis, uretritis y conjuntivitis ha recibido tradicionalmente el nombre de Síndrome de Reiter en honor a su descubridor. En el año 2000, se publica en Journal of Clinical Rheumatology un articulo titulado «Should a war criminal be rewarded with eponymous distinction?: the double life of Hans Reiter» que aboga por el uso del término Artritis Reactiva para describir esta enfermedad y abre el debate acerca del indebido uso de algunos epónimos en Medicina.
Antes de responder a la pregunta que propone el artículo hagamos un breve repaso a la vida de Hans Reiter.
Hans Conrad Julius Reiter nació en Reudnitz (Sajonia, Alemania) en 1881 y tras estudiar medicina en Leipzig, Breslau (Wroclaw) y Tübingen, formarse en el Instituto de Higiene de Berlín, el Instituto Pasteur en París, el St. Mary’s Hospital londinense y ejercer como médico militar en la I Guerra Mundial, gozó de un lugar destacado en la sanidad del III Reich, llegando a ser nombrado director del departamento de salud del estado de Mecklenburg-Dahlem y profesor honorífico en Berlín. Como se observa en su libro Deutsches Gold. Gesundes Leben, frohes Schaffen, y fiel a los principios nazis sobre la raza aria, Reiter fue un firme defensor del deber de la medicina en evitar la transmisión de genes inferiores a futuras generaciones. Ideal que quedó reflejado en las esterilizaciones llevadas a cabo sobre presos de etnia gitana en el campo de concentración de Bunchewald.

Tras la II Guerra Mundial, Reiter fue acusado en los Juicios de Núremberg por los experimentos llevados acabo en Buchenwald, entre los que se encontraba el consistente en la inoculación de tifus sobre un número elevado de prisioneros y que lejos de conseguir una vacuna resultó en 200 muertes. También realizó investigaciones sobre ‘eutanasia» y esterilización.
Tras los juicios fue encarcelado durante solo 3 años y liberado posteriormente por falta de pruebas. Volvió al campo de la investigación en reumatología y vivió un vida tranquila hasta los 88 años.
Una vez conocida la historia detrás del nombre, soy yo quien les pregunta. ¿Debería Hans Reiter ser recompensando con un epónimo? Creo que se cual es su respuesta.
Los epónimos son según la RAE «nombres de una persona o de un lugar que designan un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc » y cuentan por miles en medicina. Hay muchas e interesantes historias detrás de ellos y por eso he creído conveniente en mi primer artículo analizar uno de ellos. Próximamente más.
Fotos: buchenwald.de y japi.org

Nadie duda que los actos de Reiter son reprobables y por ello fue juzgado y supongo que debió pagar sus crímenes ante la sociedad. Sin embargo, si sus estudios en medicina favorecieron un avance en un campo específico, no creo que lo anterior sea motivo para que la enfermedad de Reiter no reciba este nombre. No es el primer científico reconocido cuyos experimentos como mínimo están cerca de cruzar la línea roja. Así no creo que nadie recrimine a Edward Jenner, conocido por idear la vacuna contra la viruela, el método utilizado. Por si alguien no conoce la historia, se la recuerdo: «Para observar mejor cómo evolucionaba la infección, inoculé la viruela vacuna a un niño sano de ocho años. La vacuna procedía de una pústula del brazo de una ordeñadora, a quien había contagiado la vaca de su señor. El 14 de mayo de 1796 se la inyecté al niño a través de dos cortes superficiales en el brazo, cada uno de los cuales tenía la anchura de un pulgar. El séptimo día se quejó de pesadez en el hombro; el noveno, perdió el apetito, tuvo algo de frío y un ligero dolor de cabeza; durante todo el día se encontró enfermo y pasó la noche inquieto, pero al día siguiente volvió a encontrarse bien. La zona de los cortes evolucionaba hacia la fase de supuración, ofreciendo exactamente el mismo aspecto que adquiere la materia virulosa… Para cerciorarme de que el niño, levemente infectado por la viruela vacuna, había quedado realmente inmunizado contra la viruela humana, el 1 de julio le inyecté materia virulosa que había extraído con anterioridad de una pústula humana. Se la apliqué profusamente mediante varios cortes y punturas, pero no dio lugar a ningún ataque de viruela». ¿Qué hubiera ocurrido si la hipótesis de Jenner no hubiera sido cierta?. Es muy fácil de contestar, un niño de 8 años hubiera muerto y quizás estuviéramos hablando de otro Reiter… Sin embargo cuando la meta se alcanza se olvida el camino usado aunque como este no creo que pueda ser considerado muy ético…
Hola, Handra, y perdón por responder tan tarde, he estado un tanto ocupado con los exámenes.
Sin duda, es un problema ético típico de si el fin justifica o no los medios. Para mi no, al menos en este caso.
En cuanto a la inoculación de la viruela por Jenner al hijo de su criada, es sin duda una anécdota muy interesante, aunque para mi también reprochable por la ilicitud del acto.
Un saludo,¡y gracias por comentar!