El noble arte de pactar

Un convulso siglo XIX y un posterior sangriento y dictatorial XX les parecieron razones históricas suficientes a nuestros constituyentes para crear el sistema de partidos fuertes que habría de alumbrar la nueva España democrática nacida en 1978.

La teoría

El mandato constitucional del artículo 68 en el que se establece la provincia como circunscripción electoral y la representación proporcional, se desarrolló en la -tantas veces reformada- Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General.

Si bien es cierto que en las elecciones generales la famosa fórmula D’hont juega en favor de los partidos más votados, en las elecciones municipales y autonómicas, fruto del mayor número de escaños a repartir en cada circunscripción (en la provincia de Granada, por ejemplo, en las elecciones Generales se reparten 7 escaños mientras que en las autonómicas se reparten 13 y en el Ayuntamiento de la capital, 27), su incidencia en pro de los partidos mayoritarios es bastante más reducida.

Todo esto se traduce en una mayor correlación proporcional entre los votos y los escaños o concejalías obtenidas en ambos plebiscitos que, unido a la situación de fragmentación política y al surgimiento de dos fuerzas nuevas que han revolucionado el sistema de partidos en un tiempo récord, nos han dejado tras las elecciones del pasado 24 de mayo un panorama en el que el tiempo de las mayorías absolutas ha dado paso a lo que podemos denominar como el tiempo de los pactos.

El régimen legal para la elección de Alcaldes, a diferencia del régimen de la mayoría de Comunidades Autónomas, permite gobernar a la lista más votada en las elecciones sin necesidad de obtener la mayoría absoluta de los votos favorables de los concejales electos. ¿Qué significa ésto? Que según el artículo 196 de la LOREG, si ninguno de los candidatos obtiene mayoría absoluta, es proclamado Alcalde el Concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos populares en el correspondiente Municipio.

La práctica

El dilema entre la gobernabilidad y la proporcional representación de las demandas ciudadanas encuentra su instrumentalización en los pactos de gobierno.

Pactar un gobierno puede suponer dos opciones:

  • Apoyar (bien con el voto afirmativo bien con la abstención, dependiendo del régimen legal de la institución) la investidura de un candidato sin entrar a formar parte del gobierno al que se le otorga la confianza. Ello significa que el Gobierno ejercerá en minoría y deberá buscar los votos positivos del resto de grupos políticos para aprobar los asuntos más importantes y para los que la ley exige mayorías amplias (presupuestos, planes de ordenación urbanos…)
  • Apoyar la investidura a cambio de una cuota en el gobierno resultante (véase el pacto de gobernabilidad del que surgió el anterior gobierno andaluz entre Izquierda Unida y el PSOE de Susana Díaz)

Las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo han dejado claro que el futuro de la política española pasa irremediablemente por el acuerdo entre las fuerzas veteranas y las emergentes que han demostrado ser claves para otorgar la gobernabilidad en Ayuntamientos y Parlamentos autonómicos.

Así, el Partido Popular, el más castigado en las urnas, ha perdido todas las mayorías absolutas que ostentaba en las Comunidades Autónomas y depende en algunas como Madrid de la voluntad del partido de Albert Rivera para conservar la presidencia.

Al Partido Socialista le ha ocurrido más de lo mismo; Castilla-La Mancha o Extremadura podrán ser gobernadas por el PSOE con el apoyo de Podemos.

Define nuestra Academia de la Lengua el pactar como el acto de acordar algo entre dos o más personas o entidades, obligándose mutuamente a su observancia. El noble arte de pactar requiere de altas dosis de generosidad, tolerancia y una pizca de sentido del bien común que en la práctica resulta mucho más arduo de conciliar.

¿Estamos los españoles preparados para la segunda transición política? ¿Se avoca el sistema a un multipartidismo donde habrán de aprender nuestros representantes a conciliar sus intereses con los del resto de grupos? ¿O más bien estamos ante el tránsito de un bipartidismo a otro con distintas caras?

El próximo noviembre quizá podamos despejar alguna de estas dudas.

 

 

Imagen: Incorrectamente Político

Beatriz Postigo Hidalgo

Licenciada en Derecho y CC. Políticas. Paso mis oscuros días opositando a la Administración Civil del Estado. Pero soy feliz.

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