¿Robots con licencia para matar?
Robots autónomos dedicados a la guerra: ¿Buenas o malas noticias?
Antes de comenzar con el artículo me gustaría dejar claro que me considero una persona pacifista y que no defiendo que dos países entren en guerra sea por el motivo que sea. Con este artículo únicamente pretendo dar un visión objetiva del uso de Robots Autónomos en la guerra.
Desde hace unos años, el uso militar de robots es algo que se ha ido introduciendo en diferentes ejércitos y esto no ha pasado desapercibido a la sociedad. Por eso mismo, esta semana la ONU reúne en Ginebra a un comité de expertos para tratar los Sistemas de Armas Autónomos Letales (LAWS).
Hasta el momento, las veces que se han empleado robots en combate han sido robots operados remotamente por un ser humano, es decir que no son autónomos y no tienen capacidad de decisión. Esto simplifica mucho los dilemas sobre responsabilidad o leyes humanitarias puesto que la decisión recae sobre un ser humano.
¿Qué repercusión tendría el uso de robots autónomos que tomen sus propias decisiones?
Para responder a esta pregunta acudimos por separado a las leyes humanitarias y la responsabilidad del daño.
Las leyes humanitarias en materia de guerras definen dos puntos clave: La distinción y la proporcionalidad. La distinción se basa en saber diferenciar cuando una persona es un civil o un combatiente y la proporcionalidad establece que los daños civiles y estructurales causados deben ser proporcionales a la importancia de la misión en cuestión. Las violaciones de cualquiera de estos factores se consideran crímenes de guerra y tienen que ser juzgados.
En la actualidad, los robots (al menos los conocidos públicamente) no son capaces de distinguir en la totalidad de los casos: ¿se trata de guerreros armados o de un padre y un hijo jugando con pistolas de agua? ¿el enemigo está desarmado y rendido o esconde un arma y se prepara para atacar? Por lo tanto, hasta que no se consiga esta distinción no cumplirán con las leyes humanitarias.
Una vez se ha cometido el crimen, es decir, que un robot autónomo se ha saltado las leyes humanitarias, ¿Quién es el culpable? ¿El robot? ¿El ingeniero que lo diseñó? No hay un acuerdo unánime sobre este tema pero una de las opiniones que está tomando más fuerza es que la responsabilidad varía en función de la causa del fallo. Sería una situación similar a la que se da cuando un puente se hunde, la responsabilidad puede ser tanto del usuario, del constructor, del ingeniero, etc. dependiendo del problema.
¿Y si se crea un robot con las capacidades necesarias? ¿Haría esto que las guerras fueran menos malas?
El uso de robots haría que menos humanos muriesen y resultasen heridos en las guerras. También se evitarían los trastornos que producen tanto en los ex-combatientes y sus familiares como en los civiles. Por otro lado, al ser armas más precisas las infraestructuras sufrirían menos daños y habría menos que reconstruir.
Según estos factores podría concluirse que los robots harían que las guerras fuesen menos malas. Pero no todo son alegrías, ya que surgen nuevos interrogantes… ¿Haría esto que las guerras fuesen más probables? ¿Al ser moralmente más aceptables los países entrarían en guerra por motivos menos importantes? Podemos pensar que sí o que no, pero a priori no hay respuesta.
Antes de terminar y para ilustrar una última reflexión, vamos a ponernos a imaginar…
”Estamos en el año 2025 y gracias a la tecnología el país en el que felizmente vivimos se puede permitir robots-soldado. En las últimas investigaciones, en el desierto se han descubierto yacimientos de un nuevo material que va a revolucionar el mercado, solo hay un problema: ese territorio no es nuestro, pertenece a un país pobre y subdesarrollado. Pero el problema tiene fácil solución. Mandamos a nuestros robots-soldado, y al no poder oponer resistencia, en cuestión de horas el terreno será nuestro”.
Si bien esto no es nada nuevo en la historia, estamos frente a un gran problema de desigualdad entre países ricos y pobres.
Entre respuestas e interrogantes y leyendo entre líneas espero que el lector pueda llegar a sus propias conclusiones y que las comparta con nosotros.
Imagen 1: Dick Thomas Johnson; Terminator Exhibition T-800
Imagen 2: The US Army
