El escenario que viene

Hubo quien auguró nuevas elecciones el día 21 de diciembre de 2015.

Los resultados electorales arrojaron una difícil composición que, por más algoritmos que se barajaban, no sumaba los números necesarios para poder formar un Gobierno estable. La balanza del eterno dilema entre la proporcionalidad de la representación y la estabilidad de una legislatura se decantó hacia la primera variable y nuestro Parlamento, poco acostumbrado a los acuerdos multicolores, se ha visto incapaz de investir un Presidente.

 


Los resultados electorales arrojaron una difícil composición que, por más algoritmos que se barajaban, no sumaba los números necesarios para poder formar un Gobierno estable


Y desde entonces, vuelta a empezar. La maquinaria electoral, algo desgastada a la vista de una ciudadanía cansada de campañas -europeas, autonómicas, locales y generales en ese orden-, ha vuelto a trabajar y la sensación general augura una falta de ilusión e interés que puede apuntar a un aumento de la abstención.

El último barómetro del CIS tampoco ha aclarado mucho el asunto. El Partido Popular seguiría siendo el partido más votado, seguido por el PSOE y Podemos, este último con una ligera bajada con respecto a los resultados de diciembre, mientras que Ciudadanos suma un ligero aumento.

Sin embargo, el barómetro, que aún con sus carencias metodológicas es entendido por los sociólogos y politólogos como la mejor herramienta actual para predecir el comportamiento de los votantes, se gestó a principios de abril, justo después del fallido primer intento de investidura de Pedro Sánchez.

En este mes la foto no se había movido en exceso hasta ayer.

Con un paseo por la Puerta del Sol y sendos vídeos en streaming en sus redes sociales, Pablo Iglesias y Alberto Garzón escenificaron la unión electoral de Podemos e Izquierda Unida en una misma lista.

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Fuente: PODEMOS en Flickr

Imagino que Alberto Garzón no habrá tenido una semana fácil.

El dilema entre las críticas internas que le achacan al pacto con la formación morada el inexorable camino hacia la desaparición de Izquierda Unida, y las presiones externas para unir fuerzas de cara al cambio real de Gobierno, no habrá dejado dormir al riojano estos días.

Paradójicamente las dos posibilidades que se le presentaban a Izquierda Unida pretendían el mismo objetivo: evitar a toda costa el proceso que parecía abocarles a una representación testimonial en el Parlamento a medio plazo, y una irremediable desaparición por absorción a largo.

Y ante ese panorama, Garzón ha decidido que es más lo que le une que lo que le separa con Pablo Iglesias; eso sí, dejando claro la diferencia insalvable de la preservación de las siglas propias, en un claro gesto hacia sus más críticos dentro del partido.

Si el movimiento será beneficioso para Izquierda Unida o no, lo veremos más adelante; lo que parece clara es la ventaja con la que parte en este escenario Podemos que, aunando además los votos de las confluencias, pretende sobrepasar en votos al PSOE y convertirse en opción de gobierno mayoritario.

Alberto el Bueno y Pablo el Astuto preparan el asalto al principado socialista en la izquierda, aunque quizá no hayan tenido en cuenta en la estrategia el inevitable hecho de que, para conquistar el Reino del Partido Popular, las fuerzas socialistas son imprescindibles en la batalla.

Y puede que la izquierda española esté cometiendo el mismo recurrente error que siempre acecha: divide y vencerás.

 

Beatriz Postigo Hidalgo

Licenciada en Derecho y CC. Políticas. Paso mis oscuros días opositando a la Administración Civil del Estado. Pero soy feliz.

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