El letargo infinito
Cuando el viernes llegó al Congreso, Mariano se sintió como en casa. La nube de visitantes allí presentes observando el lienzo, quietos cual mimo ávido de monedas, produjo una simbiosis perfecta con la figura de nuestro Presidente. Esa quietud, inerte, indolente, propia de quien tiene una percepción tan sumamente aletargada de la existencia, que ni siquiera tiene miedo a tener que, en el peor de los casos, apretar el botón de ON, porque seria esa misma linde irrenunciable la que hubiera devenido en tal destino. Quizá sea esa actitud de prejubilado vocacional la que mejor define a Rajoy. Curiosamente, ese talante del Presidente contrasta fuertemente con el mensaje que se desprende del cuadro que observa. El Abrazo, de Juan Genovés, es la obra representativa por excelencia de la Transición española. Quizá, porque evoca la unión reconciliadora de la que fueron parte nuestros padres y abuelos en el comienzo de la idea de España que hoy (todavía) disfrutamos. Pero el cuadro también desprende movimiento, iniciativa, determinación y capacidad de empatía, justo lo que necesitaron los representantes políticos de la época para orillar las rencillas de cuarenta años de intimidación, privación de libertades y terror, para dar paso a la construcción de un modelo de convivencia que como tal, se asentaba en el reconocimiento de la igualdad de derecho como primer fundamento y sostén del mismo. Esa idea de país que busca reconciliarse consigo mismo fue trasladada a la sociedad a partir de la iniciativa política: Sin duda, sin la diligente conducta de todos los actores políticos del momento, la situación hubiera caminado por unos derroteros bien distintos.
Hoy, los consensos que dieron paso a nuestro modelo de convivencia están, si no rotos, seriamente diezmados. Tal situación de advierte cuando ni tan siquiera los partidos se esconden ante la necesidad de reformar nuestro pacto convivencial, esto es, nuestra Constitución. Pero en esas llegó Rajoy y mandó parar. Todos menos el PP, o todos menos el PP de Rajoy que, espero por el bien de España (y del PP) , no sean lo mismo. Pues eso, todos menos Rajoy llevan en su programa una reforma de la Constitución, desde Ciudadanos hasta Podemos, pasando por el PSOE e IU. También los nacionalistas vascos (por no hablar de los catalanes) piden una reformulación de nuestra norma suprema. Pérez Reverte compara a nuestro protagonista con aquella liebre inmóvil en la carretera mientras es alumbrada por los faros de un coche que pronto la atropellará, y termina :»Lo malo es que a nosotros también nos van a llevar por delante». Por su parte, Pedro J. Ramírez lo compara con un estafermo, aludiendo también a su actitud inmóvil y falta de cualquier tipo de iniciativa. Pero mi definición favorita es la de Jose María García: «Por donde pasa no ensucia, pero tampoco limpia». Frase ilustrativa de esa actitud inane, de autómata de manual sin iniciativa alguna, sin capacidad de determinación para la toma de decisiones que es requisito irrenunciable en cualquier representante público. Este hombre gris, al que no se le recuerda más virtud que la lealtad al camino construido por otros, al que del mismo modo no existe recuerdo alguno, ni bueno ni malo, de su época de ministro y vicetodo, puede ser el encargado de capitanear nuestro país en un tiempo en el que existe tamaña necesidad social, económica y política en nuestro país que se hace inevitable emprender el mayor camino reformista desde 1978. Y es que Rajoy seguramente nunca pensó en verse inmiscuido en tal berenjenal, probablemente su sueño era convertirse no solo en un ministro y vicepresidente del montón, sino también en un presidente puramente transitivo, de los que se limitan a conservar con el riego el jardín plantado por otros. Este es el Rajoy que observa el cuadro que más movimiento evoca de la sala. Éste es el Rajoy que ganó las elecciones escondiéndose como un viejo que se conoce incapaz de enfrentarse a los muchachos folloneros, y que manda a la niña a repelerlos.
No tienen razón los que le achacan la corrupción de su partido ¿Como iba a ser Rajoy quien alterara el funcionamiento fraudulento de un partido que ya le venía heredado? ¿Como no iba a animar Rajoy a un tesorero que venía prestando leales servicios? Y es que, quizá en ese mensaje se esconde la verdadera filosofía del hombre que hoy nos gobierna: «Luis, sé fuerte. Al final la vida es resistir y que alguien te ayude» Esa resistencia duradera por no molesta propia del que no limpia pero tampoco ensucia, del que piensa que no tomar ninguna decisión es, a la larga, la mejor de la decisiones, pero que no muestra más que la evidente cobardía de quien se siente ausente en el terreno de las ideas. Un presidente anacrónico e inanimado para una España necesitada del mayor shock reformista de los últimos 40 años ¿De verdad nos lo podemos permitir?
Imagen extraída del Twitter de Mariano Rajoy @marianorajoy
