2015: ¿El año del cambio?
Hace tres días despedíamos el 2015 al son de las campanadas y dábamos la bienvenida a un 2016 con los fraternos deseos de que éste sea un mejor año que el pasado.
Si cenó usted en familia -costumbre que algunos médicos están empezando a desaconsejar seriamente a sus pacientes-, probablemente surgió algún debate político sobre las últimas elecciones generales o la cuestión catalana. Aunque la mayoría de las veces lo mejor para tener la cena en paz es esquivar este tipo de cuestiones controvertidas, el vino de la cena y el champagne (o cava catalán) de después pueden hacer estragos.
Y es que si bien es cierto que la sociología franquista hizo nacer a una generación poco dada al debate político en público (ya lo decía Franco: «Haga como yo, no se meta en política»), el boom de la sociedad de la información y la comunicación y sobre todo, el aire de cambio de etapa, han hecho de las conversaciones políticas todo un obligado en cualquier reunión que se precie.
¿Habrá elecciones de nuevo?, ¿volverá a ser Rajoy el candidato del PP?, ¿se comerán los catalanes a nuestros hijos?, ¿se cortará la coleta Pablo Iglesias?
Y no es para menos, el 2015 ha sido un año movido. Por eso hoy le vamos a hacer un breve repaso.
- Las elecciones municipales o la constatación del multipartidismo. El 24 de mayo se celebraron en toda España elecciones municipales de las que saldrían los alcaldes y alcaldesas que gobernarán nuestros Ayuntamientos los próximos 4 años. Lo especial del año y la cercanía de las elecciones generales, hicieron de estos comicios una especie de antesala donde los partidos políticos se enzarzaron por el podio en las principales capitales de provincia además de en las 13 comunidades autónomas donde se celebraron simultáneamente elecciones autonómicas.
De los resultados se pudieron inferir dos conclusiones: el Partido Popular ganó en votos en la mayoría de municipios y regiones pero las alianzas de la izquierda le arrebataron el poder en feudos tradicionalmente populares como la alcaldía de Madrid, la Comunidad Valenciana o Castilla la Mancha.
Lo que ya nos habían anunciado las europeas se confirmó este 24 de mayo: la configuración bipartidista tradicional ha dado paso a un multipartidismo asimétrico donde se hace necesario la conformación de alianzas para alcanzar la gobernabilidad.
- Las elecciones en Cataluña o la fractura en dos de la sociedad catalana. El otro gran asunto del año ha sido sin duda la «cuestión catalana». En un artículo en esta misma página ya expliqué las razones que nos habían traído a este punto de no retorno donde parecía que la única solución pasaba por un cambio de gobierno tanto en la Generalitat como en Moncloa que desatascase un problema de incomunicación y tozudez absurda por ambas partes.
Las elecciones del 27 de septiembre constataron la división en prácticamente mitades entre votantes que apoyaron a los partidos independentistas (Junts pel sí y la CUP) y los que apoyaron al resto no independentistas (quedándose los de Podemos en una especie de limbo entre ambas posturas y contando, cada cual, esos votos a su favor).
Lo que parece claro, dejando atrás los números, es la existencia de un problema político y social que no se resolverá a golpe de sentencia (por muy ejecutivas en que las haya convertido el Partido Popular).
A día de hoy la CUP sigue sin decidir si investirá a Artur Mas como presidente o no y el plazo para convocar nuevas elecciones acabará el día 9 de enero.
No. 2016 no va a ser más tranquilo que 2015.
- Las elecciones generales o la incertidumbre hecha Parlamento. Nunca unas elecciones generales habían generado tanta expectación e incertidumbre en nuestra historia democrática. Tras una campaña inusual en un escenario político muy abierto, el 20 de diciembre, con la navidad ya casi en casa, los españoles salimos a votar en unos comicios en los que nadie parecía tener nada claro.
El Partido Popular ganó las elecciones aunque perdiendo 63 escaños, que se dice pronto. El panorama actual ya lo conocen: el PP necesitaría de los votos de Ciudadanos y de la abstención del PSOE para poder investir a Mariano Rajoy, hecho poco probable vista la poca disponibilidad de los socialistas a apoyar por activa o por pasiva un gobierno popular; el PSOE necesitaría de los votos de Podemos, cuya primera condición es la celebración del referéndum por la independencia en Cataluña, línea que los socialistas tampoco parecen estar dispuestos a apoyar.
Probablemente conforme avancen las negociaciones y se acerque el fin del plazo de 2 meses para formar gobierno, las posiciones se vayan suavizando y lo que hoy nos parece impensable, posibilite un Gobierno de transición que permita modificar la Constitución.
En fin, prepárense para más debates familiares, que 2016 viene cargado de emociones.


