Los errores socialistas y el ascenso de Ciudadanos

A estas alturas del partido electoral las estrategias de los partidos van quedando claras. Tal es así que, hasta ahora, el hombre a batir, y esta es una situación inusitada en democracia, no es el que habla desde el púlpito presidencial sino el jefe de la oposición. El PSOE planificó toda su campaña basada en una estrategia de confrontación tripartita en la que situarse, como garante del cambio tranquilo, entre el proyecto de Rajoy y el proyecto de Iglesias. Las elecciones catalanas echaron por tierra toda esta maniobra. A partir de entonces, el ascenso de Ciudadanos, con su posterior contagio en el resto de España, abrieron un nuevo frente (o terminaron de abrirlo) en el ya más que poblado horizonte combativo socialista.

Convendría al PSOE examinar bien las causas que han otorgado galones al último invitado a la fiesta de su hemorragia electoral. Porque, es cierto que la pericia política de Rivera no es baladí y que la calculada ambigüedad ideológica de los suyos permite la evacuación de voto socialista en sus caladeros, pero no menos cierto es que esto sólo viene provocado por la indeterminación en la formación de un mensaje territorial socialista único en todo el Estado. La S de socialista siempre tuvo un peso accesorio a la C de Catalunya en el argumentario socialista catalán. Pongámonos en antecedentes. Ciudadanos surge a través de una plataforma civil, Ciutadans de Catalunya, creada y compuesta en su alma máter por intelectuales catalanes, que no encontraban cubiertas sus sensibilidades no nacionalistas en ningún partido del arco político catalán. Muchos de estos intelectuales provenían de vertientes políticas situadas a la izquierda, como es el caso de Albert Boadella, dramaturgo catalán, además de ex militante del PSC. Por otro lado, Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional, se manifestaba así el pasado mes en una entrevista en Jot Down: “Con la fundación de Ciutadans, algunos queríamos que cambiara el PSC; Fue un fracaso absoluto”. Queda claro el vacío político que dejaba un PSC cada vez más complaciente con el argumentario nacionalista. Los resultados electorales del PSC, desde el tripartito (PSC-Iniciativa-ERC) han ido menguando considerablemente desde la asunción de parte de ese discurso. Este pacto de gobierno se suscribió por primera vez en el año 2003, obteniendo el PSC en estas elecciones 42 escaños. A partir de aquí, la caída no ha podido ser más vertiginosa: 37 escaños en 2006; 28 en 2010 y la consiguiente pérdida del gobierno de la Generalitat; 20 en 2012 y por último 16 en las elecciones autonómicas de Septiembre. Quizá, estas últimas paliadas en su resultado final por la tardía (pero necesaria) unificación del programa político de PSC y PSOE en cuanto a la unidad de España y el respeto a su soberanía nacional. Así las cosas, huelga decir que este descenso ha sido directamente proporcional a la subida que Ciudadanos ha experimentado desde su entrada en el parlamento en el año 2006. Tal subida se ha revelado inusitada en la historia política catalana, hasta el punto de conseguir los 25 escaños de la actual legislatura. Ciudadanos es hoy el primer partido de la oposición en Catalunya en detrimento del PSC y también gracias al PSC. Tal extremo, se advierte cuando en la actualidad, las ciudades catalanas acuñadas políticamente como el cinturón rojo (feudos electorales del PSC), en las que en la mayoría gobiernan los socialistas catalanes, Ciudadanos fue la opción mayoritaria en las elecciones autonómicas. Este es un punto importante porque, habida cuenta del carácter histórico por plebiscitario que han cobrado las últimas elecciones catalanas como consecuencia del desafió independentista, los ciudadanos, más que nunca, han votado en clave territorial y ello quiere decir que entre la parte no independentista, ha habido un trasvase de votos en favor de Ciudadanos provenientes en una parte considerable del PSC-PSOE. Estos ciudadanos, probablemente, entendieron que la mejor opción para defender sus intereses territoriales era Ciudadanos. Y ello teniendo en cuenta claro está, que la ambigüedad ideológica de Ciudadanos, facilita la opción a quién teniendo una ideología claramente a la izquierda, considera que el desafío en Catalunya es tal que prefiere una opción que asegure claramente el respeto a la integridad territorial. Esta situación, concebida en Catalunya, ha otorgado un poder de representación a Ciudadanos, y por ende de presencia en los medios y de influencia en la opinión pública del conjunto del Estado que ha facilitado la extrapolación nacional de la evacuación de voto socialista hacia las filas naranjas.

Así las cosas, el PSOE se presenta ante las elecciones más decisivas y más complicadas de su historia. Sánchez lo sabe y cree que está preparado para afrontarlo y por eso se esfuerza en alzarse como única alternativa a Rajoy, en detrimento de Rivera. A partir del 20D se medirá la fuerza del PSOE, y la de Sánchez en el PSOE, también.

 

 

Imagen de FSA-PSOE

Ramón de la Cruz

Graduado en Derecho por la Universidad de Almería

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