El tabaco del siglo XXI
Alimentarse. Un acto que realizamos normalmente entre tres y cinco veces al día. La mayoría no nos paramos a pensar si lo que estamos comiendo es saludable. Pero, ¿qué respuesta daríamos a la pregunta de si tendríamos que hacerlo?. Algunos piensan cosas como, «Si no fuera saludable, ¿acaso permitirían que se vendiese?», «¿hay alguien que es capaz de vender un producto sabiendo que con él está perjudicando a mucha gente?» o para finalizar, «y si realmente fuera perjudicial, vendría etiquetado, ¿no?». Preguntas como las anteriores, aunque parezca mentira, son bastante repetidas entre la población, así que vamos a intentar mirar las cosas desde un punto de vista productivo para nuestra salud y nada productivo para la cartera de alguna que otra multinacional. Vamos a comprobar qué es el «tabaco del siglo XXI».
Para empezar, la respuesta a la primera pregunta que planteábamos es, obviamente, un sí tan grande como las colas que se forman el día de antes de que Apple saque el nuevo iPhone de turno. Sí, deberíamos preocuparnos, y mucho. El famoso dicho Somos lo que comemos es más necesario que nunca. No es una cuestión de cantidad únicamente, ni de hacer el suficiente ejercicio físico, todo muy importante también, sin lugar a dudas. Es una cuestión de qué entra en el organismo, qué hace y, lo que más importa, qué reacción provoca por parte de nuestro cuerpo.
80 . Un número redondo, representativo de una década gloriosa musicalmente, pero que en este caso tiene otro significado. Aproximadamente 80 de cada 100 productos que se encuentran en los supermercados estadounidenses poseen azúcar añadida. Muchos, ¿no?. Pero bueno, dirán algunos, tampoco pasa nada por tomar azúcar de más si luego quemamos esas calorías, ¿verdad? Pues no, no es verdad.

Tomando como ejemplo el caso extremo, aunque desgraciadamente cada vez más central, de Estados Unidos podemos ver la relación directa entre consumo de azúcares, obesidad y enfermedades metabólicas. Con un consumo de 154 litros de bebidas carbonatadas por habitante al año, Estados Unidos se coloca segundo en este ránking de dudoso prestigio, ganando Argentina en una foto finish muy apretada con 155. Los resultados no se hacen esperar: el 66% de las mujeres y el 75% de hombres tienen sobrepeso, y más de la mitad de ellos son obesos. Al tomar una bebida gaseosa nuestro cuerpo experimenta un pico de glucosa muy elevado que, además, no se produce de forma escalonada como debería. Se produce una absorción rápida que tiene como respuesta otro pico, esta vez de insulina, para rebajar los niveles elevados de glucosa. Este proceso, por sí sólo, aumenta el riesgo de padecer diabetes. No quiere decir que sean las bebidas carbonatadas las únicas responsables de esto, pero sin duda son el mejor ejemplo.
Viendo los datos anteriores, parece bastante claro lo que se avecina en materia de salud: las probabilidades de padecer un ataque al corazón, tener un accidente cerebrovascular, presentar diabetes, algunos tipos de cánceres como el de endometrio o presentar problemas articulares se disparan, como diría un conocido juguete, ¡hasta el infinito y más allá!
Continuando con el ejemplo anterior, una Coca-Cola de 350 mL supone el 41% de la cantidad de azúcar que se recomienda ingerir en un día y, en un abanico de productos donde 4 de cada 5 van a tener azúcar añadida, se hace muy difícil no sobrepasar esa barrera que recomienda la OMS. Eso si no caemos en la tentación de consumir algo más de la cuenta, dado el efecto adictivo que el azúcar provoca en nuestro organismo. Recientes estudios han comprobado que el azúcar ilumina el cerebro estimulándolo de igual forma que hace la cocaína, aumentando los niveles dopaminérgicos, provocando en ratas una adicción muy superior a la de la misma.
Sin saber las intenciones de las empresas alimentarias, parece que la mayoría no tiene en mente la salud de la población cuando elabora sus productos, si me permitís sacar una conclusión precipitada. Crecemos en un ambiente azucarado extremo, desarrollando desde tempranas edades esa necesidad de azúcar que no aporta nada más que problemas a largo plazo. Desde cereales a yogures, todo está contaminado con algo que tiene, además, un valor nutritivo nulo. Aporta lo que se llama «calorías vacías». Por si fuera poco, puede tener, según apuntan algunos estudios, efectos en los cambios de humor, aumentando la ira, y disminuyendo la concentración, otro problema que casualmente se da en muchos niños y adolescentes. ¿Alguien duda de que el apelativo de «tabaco del siglo XXI» es merecido?.
El por qué se permite esto es algo de lo que hablaremos otro día.
Nos leemos pronto, azúcardependientes.

PD: Se me olvidaba. En España el consumo de azúcar es de 120 gr, cuando lo recomendado son 55. Vigilad lo que coméis.
PD2: 100% recomendable el documental Fed Up.
